Carmela salió muy temprano a lavar la ropa al río, se ubicó en el sitio de costumbre y se dispuso a restregar la ropa contra la superficie rocosa.
El choque del agua con las piedras emitía un sonido que opacaba los comentarios de las mujeres. Todo marchaba bien aquella mañana de octubre, hasta cuando el tapete de nubarrones se desgajó sobre el Valle de las Orquídeas.
Las mujeres salieron afanadas al presagiar un fuerte aguacero, recogieron su ropa y se dirigieron al pueblo. Carmela, pensó que la llovizna tan solo sería un “espanta flojos” y se burló de sus bulliciosas amigas.
La temeraria mujer no alcanzó a sumirse en sus pensamientos porque una tromba de agua, piedras, tierra y ramas se la llevó para siempre.
Después de arduas jornadas de búsqueda infructuosa del cadáver, el viudo no aguantó más las ganas de desahogarse y gritó: “no pierdan más tiempo y búsquenla río arriba que esa vieja bandida era muy terca”.